divendres, 15 de juliol de 2016

Crianza y salud emocional


Me gustaría empezar a hablar de mi visión sobre la crianza rescatando un tesoro que todos y todas poseemos y que va a ser clave en el proceso de revisión y cambio de mirada:

 nuestr@ niñ@ intern@

Te pido que por un momento, mientras acabas de leer estas líneas, te puedas transportar a ese momento de tu historia vital. Allí donde tus recuerdos empiezan; y te visualices como la niña o el niño que fuiste: ¿qué hacías? ¿En qué pasabas tu tiempo? ¿Qué sueños tenías? ¿Cómo veías la Vida? ¿Cómo era tu relación con tu padre y tu madre? ¿Cómo te miraban? ¿Cómo te acompañaban en tus necesidades y en tus procesos vitales?

Date un tiempo para recordar, e intenta hacerlo sin juicios, sin reproches. Tan sólo observando las imágenes mentales que aparecen y dándoles vida, color, movimiento.

Aquello que recibiste, es –en gran parte- lo que ahora tú eres. Por esto es tan importante recordar cómo eras de niño y de niña, cuáles eran tus deseos y cuáles pudiste alcanzar. Recordarte en esa etapa de tu biografía humana va a ser clave en el proceso de ofrecer una mirada de comprensión y respeto hacia tus hij@s. Comprender que las pulsiones infantiles son parte de nuestro temperamento y de nuestra personalidad,  de nuestros anhelos vitales que, demasiado a menudo, han quedado en recuerdos nostálgicos de algo que ya se fue.

Recordar cómo te criaron te facilitará mucha información acerca de tu tendencia actual para con tus retoños.

A menos que pasemos por el tamiz de la consciencia ciertas tendencias y reacciones espontáneas, seguimos hablando de la manera que nos hablaron. Y si esto nos funciona y nos retorna bienestar, ¡perfecto! Y si esto no nos aporta la paz que deseamos tener en el proceso de crianza, es momento de revisarlo y transformarlo.


La manera como les hablas a tus hij@s acabará siendo su voz interior. Y no sólo lo que les dices, sino –y lo más importante- el cómo se lo dices, o desde dónde se lo dices. Te invito a que percibas la diferencia entre estos dos ejemplos que propongo a continuación:

 


La diferencia en lo que se dice es evidente, aunque si vamos al detalle no es tan de tipo semántico. En las dos viñetas la persona adulta detecta una situación que le despierta la sensación de peligro. En la situación “naranja”, la persona adulta no la filtra y la manifiesta en forma de PELIGRO real. Asustada, expresa su temor como una inhabilidad de su bebé. “¡¡¡Te vas a caer!!!”  Es el mensaje que recibe es@ niñ@ y, en consecuencia, lo interpreta como una incapacidad propia. Esto hace que se sienta poco hábil para superar ese desafío que, de entrada, le parecía tentador de probar, y acabe cayendo por falta de seguridad interna. 


Si cuidamos los mensajes que emitimos, ayudamos a nuestr@s hij@s a que tomen conciencia tanto de sus habilidades internas – en su deseo de exploración y experimentación- como de lo que éstas mueven en las personas adultas. Les acompañamos en el proceso natural de descubrir la empatía, estamos presentes en su elaboración de la teoría de la mente[1] y así, cumplimos con una parte que sí nos pertenece como adult@s: la transmisión de las normas y de los valores sociales y culturales, adecuados a cada etapa evolutiva de nuestr@s hij@s.
Cuando explico este tipo de situaciones como las del ejemplo de las viñetas, muchas familias lanzan una pregunta que a mi me fascina:

¿eso significa que l@s niñ@s pueden hacer lo que quieran?


Existe una enorme diferencia entre LIBERTAD y LIBERTINAJE. En la libertad hay infinitud de límites. La libertad implica conocer qué repercusiones tiene lo que hago y lo que no hago; implica responderse al planteamiento interno del respeto propio y ajeno; lleva inherente la capacidad de autorregulación para frenar acciones –incluso pensamientos- que no cuiden la Vida; bebe del discernimiento entre mis deseos y mis capacidades. El libertinaje es la ausencia de todas estas capacidades metaconscientes. El libertinaje es una pulsión hedonista que se nutre sencillamente del propio placer y beneficio. No hay normas, ni límites y todo debe ser aceptado como parte de un deseo interno que me moviliza hacia determinadas acciones. ¿Se comprende la diferencia?

En el proceso de crianza respetuosa, el libertinaje no tiene lugar. Existe la aceptación de l@s bebés como seres humanos en evolución y maduración. Personas que todavía no han logrado completar el desarrollo de las estructuras cerebrales que regulan sus pulsiones[2], que les permiten comprender los límites, normas y ciertas situaciones de peligro. Des de esta concepción, somos las personas adultas quienes, a través de los límites, necesitamos acompañar el proceso de desarrollo de esas personas en crecimiento. Los límites encuadran, sostienen y securizan el  ambiente para que todas las personas que lo habitan puedan experimentar de una manera más relajada. La adquisición de estas normas externas, sumado a la maduración que van adquiriendo sus estructuras cerebrales de autocontrol, permite que a medida que crecen, l@s niñ@s vayan siendo cada vez más autónom@s y hábiles. Sirva este ejemplo para acompañar lo que explico:

Tenemos un bebé que empieza a darse la vuelta y a arrastrarse. Hasta hace poco, cuando no hacía todo esto, podíamos dejarle encima de la cama mientras nos desvestíamos y nos cambiábamos. Para su seguridad, no precisaba de más límites que una superficie uniforme que lo sostuviera y nuestra presencia cercana. Ahora, este bebé ya no está seguro en esa cama porqué en un instante de no atención, puede rodar o desplazarse hasta el margen y caer. No tiene consciencia de ello porque su maduración cerebral no le permite prever los acontecimientos. No tiene la libertad para autolimitarse y cuidar su integridad. La persona adulta que lo acompaña si tiene esta capacidad, y la obligación de usarla en beneficio de la vida que cuida y sostiene. De esta manera, una adulta que hace uso de su empatía, planificación y mirada amorosa hacia ese bebé, sabe usar su libertad para parar la acción que está desarrollando, acercarse a la cama, y limitar con cojines el espacio de movimiento, o transformar una cama alta en un futón a ras de suelo para que ese bebé pueda, cada vez más, subir y bajar a su gusto. Si no tuviéramos esta capacidad que nos alerta que un segundo de no mirada puede ser fatal para ese bebé, seguiríamos regulad@s por el libertinaje debido a la immadurez que caracteriza los primeros estadios de desarrollo de las personas, con la diferencia que al ser personas totalmente desenvolupadas, nuestro libertinaje sería patológico.


Los LÍMITES y el AMOR

Es importante comprender que no son los “mimos” o los cuidados lo que malcría a l@s niñ@s, sino la ausencia de límites amorosos y respetuosos.