dimarts, 1 de novembre de 2016

Abuso sexual infantil




Clara y su sombra pretende mostrar en forma de cuento la realidad que viven tantos niños y niñas actualmente. El tema del abuso sexual infantil es a menudo relegado al ámbito de los profesionales de la salud y judicial –en última instancia-. Hablar de ello acostumbra a ser incómodo y difícil por parte de una sociedad que tiende a esconder aquello que le molesta. Por decirlo de otra forma, es poco común que sea un tema de sobremesa, y esto favorece su sincretismo y la dificultad para que los casos de abuso salgan a la luz. Este proyecto pretende visibilizar esta temática, sobre todo para lxs más pequeñxs, dando a conocer que existen situaciones que no son sanas ni respetuosas, que deben nombrarse para poder pararlas.

En primer lugar, es indispensable definir qué entendemos por abuso sexual infantil, para poder detectarlo con criterio y saber diferenciarlo de conductas que no son patológicas. Vamos a tomar la definición del libro de Pau[1]:

“Es aquella situación en la cual un niño o adolescente participa en actividades sexuales que violan los tabúes sociales y legales de la sociedad, que él no comprende o para los cuales no está preparado de acuerdo con su desarrollo y que, por tanto, no puede dar consentimiento.”

La mayor parte de los autores utilizan como criterio que la edad máxima de la víctima esté entre los 15 y los 17 años. Por encima de estas edades sería más correcto hablar de violación o abuso sexual. El agresor tendría que tener en el 5 y 10 años más que la víctima: 5 años en el caso de niños menores de 12 años[2], y 10 a partir de esta edad. En todo caso habría que hablar de abusadores cuando éstos tuvieran más de 15 años[3].

El abuso sexual infantil contempla dos criterios[4] a tener en cuenta:

  Coerción: En cualquiera de sus manifestaciones (fuerza, presión o engaño) debe ser considerado como criterio suficiente.
   Asimetría de edad: Impide la verdadera libertad de decisión, ya que supone en sí misma un poder que acaba con toda posibilidad de relación igualitaria.



A la larga hay estudios que hacen hincapié en las alteraciones y dificultades que experimentan las personas que lo han sufrido. Varios de ellos relacionan patologías mentales y dificultades relacionales a estas vivencias traumáticas tempranas. Por poner un ejemplo, el abuso en la infancia (físico, sexual y emocional) puede alterar la percepción de lo que representa la sexualidad y puede influenciar negativamente en la percepción y el desarrollo de relaciones íntimas y de confianza, constituyendo un factor que predispone a relaciones sexuales precoces y a errores en el uso de la contracepción[5].

Este cuento está enfocado tanto a la prevención como a una posible detección temprana. También ofrece un recurso pedagógico para todas las edades: a lxs adultxs nos facilita una herramienta con la que enfocar un tema tan delicado de tratar, a la vez que nos permite resonar con posibles vivencias de nuestra infancia, reflexionar sobre cómo las abordamos en ese momento y qué patrones hemos adquirido en relación a nuestros límites. A lxs más pequeñxs, les facilita un encuadre concreto sobre el que poder hablar de todo aquello que le sucede a Clara –y puede que les esté pasando a ellxs también-. En la etapa infantil (hasta los 7 años aproximadamente) lxs niñxs necesitan imágenes concretas sobre las que poder elaborar los conceptos abstractos que subyacen los aprendizajes. El personaje de Clara, con sus múltiples caras, expresiones, comentarios, reflexiones y decisiones es un elemento cercano a esxs peques que escuchan –o hojean- atentamente el libro. Las situaciones que vive Clara facilitan la comprensión de sus vivencias, a la vez que permiten construir un relato coherente y claro a esas edades tempranas.
Clara es una niña común. Tiene a su familia, sus amigos y amigas, sus sueños y sus anhelos. Pero de repente, un mal día, todo esto empieza a hacerse borroso en su interior. Ese día, una sombra grande, oscura y pegajosa empieza a perseguirla por todos lados.
Clara, la protagonista del cuento, es una niña común. Es esa niña que te cruzas por la calle, que se sienta en la mesa de al lado del restaurante con su familia, que ves salir del colegio con su merienda en la mano, o la que juega a esconderse entre los árboles del parque. 

Clara son todxs lxs niñxs que algún día sienten vulnerada su intimidad y tratan de tirar adelante con esa sombra que las invade por dentro. 

Clara puedes ser tú o yo. 

Hay muchas Claras sueltas que no recuerdan de dónde vienen sus angustias, que no recuerdan lo que les sucedió pero que, un día, una sombra apareció en sus vidas y la siguen arrastrando en su edad adulta. Los abusos sexuales en muchas ocasiones se olvidan, pasan a un rincón de la memoria donde sólo tiene acceso una parte subconsciente de nuestra mente. Por “suerte”, los seres humanos, disponemos de un gran aliado que nos ayuda a recordar que existen rincones internos donde se ocultan sombras no deseadas: nuestro cuerpo.

“El cuerpo habla”, habréis escuchado varias veces. Pero, ¿qué quiere decir esto? El cuerpo tiene su propio lenguaje, su código personal. A veces, en sesiones individuales o talleres donde hablamos y trabajamos sobre la sexualidad infantil, personas -y más a menudo sucede en mujeres- recuerdan abusos antiguos. Cuando la mente se relaja gracias a la visualización o la meditación guiada, el lenguaje de lo inconsciente puede aflorar más fácilmente. Nuestra memoria corporal aprovecha este “despiste” mental para emerger en forma de imagen o de recuerdo. Nos habla usando este lenguaje más visual, con el que estamos más familiarizadxs, para ayudarnos a ubicar aquello que nos dolió y que habíamos encerrado en el cuarto oscuro de nuestra memoria. Por qué no teníamos otra opción. Éramos niñxs y seguramente nadie nos facilitó los recursos que necesitábamos para poder hablarlo, ni siquiera para saber que aquello que vivíamos no era sano y no tenía por qué gustarnos, aunque las voces adultas nos dijeran que era bueno.


Todas las personas adultas llevamos en nuestro interior a nuestrx niñx interno. Me gusta visualizarlo como a una de esas muñecas matrioskas. Abres la grande, y dentro siempre hay una de más pequeña. Pues la de menor tamaño, es nuestrx propix niñx internx. Esta parte personal es el producto de nuestra infancia: de nuestras vivencias, de los mensajes parentales que recibimos, el cómo fuimos concebidas, gestadas, paridas, amamantadas y criadas durante los primeros años de nuestra Vida. Es la memoria de nuestra historia vital infantil, y claro, con el paso de los años no es adaptativo recordarlo todo, por eso nuestra mente selecciona lo que más le gusta -o lo que más necesita- para tirar adelante. Cuando el abuso sexual se da en etapas pre-verbales -antes de los 2 años- o incluso cuando el lenguaje ya está establecido pero poco maduro, la memoria consigue borrar el recuerdo, pero el cuerpo no. El cuerpo lo recuerda todo y lo almacena en su receptáculo físico. Y nos habla, ¡cada día además!, pero, en la gran mayoría, no comprendemos este lenguaje. A este lenguaje corporal le llamamos síntoma, y queremos, a toda costa, deshacernos de él sin contemplar la posibilidad que tenga algo interesante que contarnos. Los dolores de tripa, picores injustificados, cuerpo poco elástico, dientes que no salen, o se pudren con caries, o se retrasan en caer, menstruaciones dolorosas, desórdenes alimentarios, eneuresis, migrañas, etc. pueden estar ocultando algún tipo de información que subyace a nuestra memoria. No significa que tener uno de estos síntomas sea consecuencia de haber sufrido un abuso sexual en etapa infantil, sólo ser consciente que detrás de cada uno de ellos puede abrirse un mundo de información y de posibilidades personales que tienen mucho que aportarnos.

Existen también síntomas de índole más psicológica o comportamental[6] como el miedo excesivo e injustificado, pérdida de la alegría vital, trastornos del sueño y/o pesadillas, irritabilidad, hipervigilancia y sobresalto, agitación, ansiedad, evitación de lugares/personas/situaciones, etc. que cuando lxs niñxs los sufren, deben dar qué pensar a lxs adultxs que lxs acompañamos. La observación activa en la crianza y en el desarrollo vital de lxs niñxs, es una tarea básica para el bienestar infantil. Este estado de observación implica estar presente en el día a día, comprender que muchas veces lxs niñxs viven situaciones que no comprenden y que puede que se les hagan difíciles de sostener, aunque para lxs adultxs sean sucesos totalmente triviales. ¿Recordáis que antes hablábamos de las matrioskas? Bien, pues lxs niñxs no disponen de sus propias muñecas exteriores para que les protejan y les cobijen. Todavía están en proceso de empezar a desarrollarse. Su membrana de apoyo somos nosotrxs: lxs adultxs que les acompañamos en su camino de Vida. Estamos a su lado para aportarles seguridad y protección, para ofrecerles amor, sustento y comprensión.



En el caso de los abusos sexuales infantiles, las víctimas sienten esta membrana de protección muy débil, puesto que es, mayormente, un adulto de su confianza quien los perpetra. En las ocasiones más favorables, esxs niñxs tienen otro entorno cercano que les proporciona una referencia de amor sano. Es probable que, así, puedan llegar a hablarlo y compartirlo en algún momento de su Vida porqué se dan cuenta que aquello que vivieron no fue correcto. A veces, todo y tener un entorno amoroso, esxs niñxs nunca llegarán a explicarlo; ya sea por qué lxs adultxs que les rodean no disponen de recursos para poder hablar de ello, o por qué lxs niñxs no acaban de ubicar esa incomodidad que sienten como causa directa del abuso que sufren por parte de esa persona de confianza. Acostumbra a suceder que tampoco lo verbalizan cuando alcanzan la adultez, bien sea por qué lo han olvidado, o porqué les dan miedo las consecuencias que esto pueda causar en su entorno. En los casos más desestructurados, esxs niñxs tienen un entorno familiar y social que no los sostienen ni lo miran. Es en estos casos, cuando la tarea de reestablecer el vínculo sano de amor y respeto, pasa por las manos de profesionales de la salud. Su función de acompañamiento tiene como finalidad que esx niñx pueda comprender que existen lugares seguros en la Vida, y así, se permitan utilizar el potencial que poseen para su máximo desarrollo.

Las heridas de nuestrxs niñxs internxs se guardan en nuestra psique y conforman la base sobre la que construimos la personalidad adulta. En el caso de los abusos sexuales infantiles es indispensable acompañarles a sanar su herida y reestablecer la confianza con la Vida. Sólo así se convertirán en adultxs con capacidad de amar. Cuando existe una ruptura tan grande en nuestra inocencia infantil, es probable que reproduzcamos en otrxs el dolor que vivimos, o nos pasemos el resto de la Vida con síntomas e insatisfacciones crónicas. El dolor que podemos llegar a infligir es proporcional al dolor que hemos recibido. Tomar conciencia del daño sufrido en la propia infancia es la única manera de poder parar la compulsión a hacer lo mismo a lxs niñxs que nos siguen y, por tanto, parar la autodestrucción de la humanidad[7]


Es con esta mirada puesta en el desarrollo sano de la infancia que nace este cuento y su manual.

Deseo que te sirva.

Puedes encontrar el cuento en las principales librerías. En CATALÀ y en CASTELLANO.

Para más información acerca del manual, puedes consultarlo gratuitamente en el web: www.claraysusombra.com 


Elisenda Pascual i Martí
Psicòloga, psicoterapeuta i escriptora
Fundadora d'Acompanyament Familiar  





[1] Generalitat de Catalunya (1997) El llibre d’en Pau. Departamento de Sanidad y Seguridad Social. Barcelona 

[2] Existen indicios del aumento de abusos cometidos por jóvenes o adolescentes. Estudios afirman que el 20% de violaciones son perpetradas por menores de edad.

[3] “¡Eh!¡No te despistes!”. Guía pedagógica para la prevención del abuso y otros malos tratos infantiles.

[4] Idem que 3

[5] Citado de “Abus sexual en la infància i l’adolescència: relació amb la salut sexual i reproductiva i les relacions sexuals i afectives de les dones adultes”.

[6] Manual del abuso sexual. Save the Children.



[7] “Abattre le mur du silence”, Alice Miller.

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